Lo cotidiano puede ser sublime: depende de la profundidad de nuestra mirada
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Miércoles, 05 de octubre de 2005
Dos párrafos que le he leído a Joseph E. Stiglitz ratifican mi secular desconfianza en el mercado.
Por eso yo no soy liberal.
Es más: aunque estoy en desacuerdo con la frase castrista: “Del imperialismo no hay que fiarse ni tan poquito así”, no creo en una globalización, digamos, amable; en una internacionalización ‘positiva’ de los mercados como mecanismo para la consecución de una justicia social universal.
En definitiva: no creo en la bondad del mercado.
Bueno, aquí van los párrafos en cuestión (que son muy ilustrativos por varias circunstancias)
“Cuando eres pobre, no tienes una tarjeta de crédito y muchos de los atrapados estaban escasos de fondos porque era finales de mes, pero, aun cuando hubieran tenido el dinero necesario, no resulta evidente que los mercados hubieran respondido con la suficiente rapidez para brindar la oferta necesaria; en tiempos de crisis, con frecuencia no lo hacen, sencillamente”.
“Pese a sus virtudes, los mercados con frecuencia no funcionan bien en una crisis. De hecho, con frecuencia resulta horrible contemplar el mecanismo del mercado en casos de emergencia. El mercado no reaccionó ante la necesidad de evacuación enviando enormes convoyes de autobuses para sacar a la población; en algunos lugares, sí que reaccionó triplicando los precios de los hoteles en las zonas vecinas, cosa que, si bien refleja el marcado cambio en la oferta y la demanda, está considerada negativamente, como extorsión mediante los precios”.
Por: carmen aparicio | General | Comentarios (0) | Referencias (0)