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Miércoles, 28 de septiembre de 2005
Dos Hermanas celebra un nuevo congreso sobre innovación empresarial en el que expertos de diversos sectores han debatido sobre las herramientas que deben manejar las empresas en el futuro, y por qué no, en el presenta más inmediato. Este meeting resulta de vital importancia para conocer qué posibilidades de crecimiento se abren en una época en la que la palabra clave es la tecnologización. La incorporación de la empresa a las NTIC no es que sea básico, es que es vital. Hasta el punto de que podemos afirmar, sin miedo, que una empresa tecnófoba es una empresa muerta hoy en día. O, lo que los economistas llaman vulgarmente una empresa perro: todo se le vuelven pulgas y todo se queda antiguo en el seno de este tipo de entidades.
Porque la globalización tecnológica, por encima del debate de sus repercusiones positivas o negativas –no es objeto del presente análisis, aunque lo abordaremos más profusamente en siguientes números- ha revolucionado los términos de la economía. Allí, donde unos veían nación, ahora no queda más remedio que observar internacionalización. Y allí donde unos miopes hablaban de productividad, las nuevas oportunidades se basan en la competitividad. Y donde otros tantos reivindicaban las patentes, las empresas deben vindicar las ventajas de una libertad de sistemas.La tecnología del siglo XIX y de largos años del siglo XX generaba una empresa marcada por la productividad y la comercialización de bienes físicos. Hoy día, es imposible que una empresa respire si no es competitiva. Y, ello no implica reducir capital humano, ni siquiera deslocalizarlo o flexibilizarlo, exige un cambio en la mentalidad productiva, para darse cuenta de que no es más rico quien más produce o, incluso quien mejor administra, sino quien ofrece más ventajas. En resumen, quien es más competitivo en su sector o cuota de mercado.
Las nuevas tecnologías de la información y la comunicación han cambiado los modos de producción. Por ello, las empresas deben plantearse que la clave de su transformación se encuentra en la ampliación de sus mercados hasta niveles internacionales. Y el camino que más garantías ofrece es internet. Con internet, los mercados han dejado de tener fronteras. Por eso, no cabe duda de que hay que eliminar anacronías tan perjudiciales para la igualdad de oportunidades entre empresas de diversos países como los representados por los aranceles, impuestos fronterizos, cuotas y subvenciones absurdas que impiden una libertad de movimiento que sólo beneficia a unos pocos, curiosamente los más ricos y, por ende, más tecnófobos. Son listos y saben que una tecnologización progresiva genera igualdad de oportunidades, es decir, la pérdida de sus irrespetuosos y lacerantes privilegios multinacionales.
Las empresas deben ir por delante de lamentables restricciones, como las impuestas por la UE o los EEUU, por citar los dos grandes gigantes económicos, junto a Japón y la emergente China. En este sentido, Pekín está actuando de una forma bastante racional (otra cuestión más condenable es su sistema político y su sistemática violación de los derechos humanos), pero es el Estado el que está actuando como un acicate empresarial, favoreciendo las importaciones, estableciendo balanzas comerciales superpositivas e incluso teniendo que inocular desconfianza en los mercados internacionales para frenar su escalada de crecimiento, por encima del 8% anual (una brutalidad, vamos). Ante este panorama, está claro que el crecimiento chino está haciendo daño a las anquilosadas Europa y EUA, y no digamos ya a los países subdesarrollados de África y América Latina, cuyo despegue sigue lastrado por unos compromisos internacionales de reducción de la deuda que no terminan de ejecutarse y por una sucesión de gobiernos corruptos que impiden otorgar la estabilidad política necesaria que sirvan para el resurgir de sus empresas y la comercialización autónoma de sus preciadas materias primas y de bienes de equipo.
En el caso de la UE, las execrables subvenciones que recibe el campo, con la Política Agraria Común (PAC) como nefasto paradigma, impide el establecimiento de un mercado justo a nivel mundial, ya que los países subdesarrollados no pueden competir en igualdad de condiciones: no pueden pagar los aranceles impuestos por las grandes potencias y por los blancos/protestantes/ricos/del norte. Sí, esos estúpidos hombres blancos de los que hablaba el amigo Michael Moore. No es aceptable que una vaca suiza o inglesa nos cueste más de un euro al día al bolsillo de los europeos.
Tecnofobia y miedo a la internacionalización y a un mercado justo son algunos de los males que siguen aquejando a las pequeñas y medianas corporaciones. Y esto provoca que gran parte del pastel se lo coman las grandes entidades. Los privilegiados del Ibex 35 español sí se embaucan en estrategias de fusiones que nada tienen de positivas y sólo buscan una competitividad de perniciosos efectos sociales. Y son las entidades de este índice, la que, obviamente, más internacionalizan los mercados. Pero su modus operandi es del todo injusto, insuficiente y dibujan unos efectos globalizadores muy negativos.
Ha llegado el momento de que las pymes de Dos Hermanas, de Sevilla, de la provincia y las andaluzas aprovechen las ventajas que ofrece la globalización, ganen en competitividad, inviertan en investigación y desarrollo, se internacionalicen, enseñen idiomas sus empleados, creen redes comerciales y convenios con empresas de su sector del resto de Europa, de África y de América Latina, inviertan en formación tecnológica, exijan infraestructuras y ayudas a la contratación ya la investigación por parte de las administraciones y, sobre todo, se pasen al software libre, un modo de acabar con monopolios de los grandes grupos informáticos que únicamente se dedican a crear y perpetuar sus privilegios.
Creemos que estas son algunas propuestas interesantes para las empresas. La productividad es importante, claro que sí, pero la competitividad, en un mundo tan globalizado como el actual, lo es aún más. Los nuevos tiempos requieren de empresas en continua innovación. Hay que dar el paso y no tener miedo. Al tiempo que ganarán cuotas de mercado, evitarán patentes, aranceles y derribarán barreras que impiden que esos mismos mercados sean también, por qué no, más justos e igualitarios.
Tecnologizarse: este neologismo es la clave de las empresas de hoy.
Por: carmen aparicio | General | Comentarios (1) | Referencias (0)